A los niños también los afecta el ataque cerebrovascular o ACV: Hasta dos casos por cada 100.000 niños

El ataque cerebrovascular (ACV) también afecta a niños y adolescentes y figura entre las diez principales causas de muerte en la población pediátrica, según la información epidemiológica atribuida a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al estudio Global Burden of Disease (GBD).

Su detección representa un desafío, pues los síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades y retrasar el diagnóstico y el tratamiento, con consecuencias para el desarrollo y la calidad de vida de los menores.

En el marco del Día Mundial del Ataque Cerebrovascular, que se conmemora el 29 de octubre, el Hospital Infantil San Vicente Fundación destaca la importancia de reconocer las señales de alarma y acudir oportunamente a los servicios de urgencias. Aunque esta enfermedad es menos frecuente en niños que en adultos, puede presentarse desde el periodo neonatal hasta la adolescencia, incluso en menores sin antecedentes conocidos de enfermedad.

La frecuencia del ACV varía según la edad. Durante el periodo perinatal se estima un caso por cada 500 nacidos vivos, mientras que en la infancia se reportan entre uno y dos casos por cada 100.000 niños. A nivel institucional, entre 2023 y 2026, el Hospital Infantil San Vicente Fundación ha atendido un total de 5.196 casos de ataque cerebrovascular. De estos, 337 correspondieron a pacientes menores de 18 años (100 en 2023, 89 en 2024, 69 en 2025 y 79 en 2026), lo que evidencia que, si bien la patología predomina en la población adulta, el impacto en menores exige una alta sospecha clínica y una respuesta médica oportuna.

A diferencia de lo que ocurre en los adultos, el ACV pediátrico puede estar relacionado con condiciones como las malformaciones de los vasos sanguíneos, las cardiopatías congénitas, patologías inmunológicas y algunas enfermedades hematológicas, como la anemia de células falciformes. Determinadas infecciones, entre ellas la varicela, y algunos tratamientos oncológicos también pueden aumentar el riesgo.

Sin embargo, el evento no siempre ocurre en niños con enfermedades previamente diagnosticadas. En algunos casos, un traumatismo en el cuello provocado por una caída o durante una actividad cotidiana puede lesionar una arteria que lleva sangre al cerebro. Esta lesión puede favorecer la formación de coágulos que obstruyen el flujo sanguíneo y desencadenan un ACV.

“En los niños, el ataque cerebrovascular puede ser difícil de reconocer porque sus manifestaciones pueden confundirse con las de otras enfermedades. Las convulsiones, la pérdida repentina de fuerza en un brazo o una pierna, las dificultades para hablar, las alteraciones visuales y los dolores de cabeza intensos o persistentes, especialmente si aparecen junto con otros síntomas neurológicos, son señales que requieren atención médica inmediata. Además, una tomografía inicial puede no mostrar algunos eventos isquémicos, por lo que la resonancia magnética puede ser necesaria para confirmar el diagnóstico. En el Hospital San Vicente Fundación contamos con un protocolo de atención que permite agilizar la valoración y el acceso a estudios especializados, de acuerdo con las necesidades de cada paciente.

Actuar oportunamente es determinante para iniciar el tratamiento indicado y reducir el riesgo de secuelas neurológicas”, afirmó la doctora Katherine Mantilla, neuróloga del Hospital San Vicente Fundación.

Según explica la doctora Mantilla, las demoras en el reconocimiento del ACV pediátrico pueden prolongar entre seis y 22 horas el tiempo hasta la atención especializada. Este retraso puede comprometer las oportunidades de tratamiento y aumentar el riesgo de secuelas neurológicas, motoras y cognitivas. Aunque el cerebro infantil tiene capacidad dereorganización y adaptación, la recuperación depende de factores como la extensión de la lesión, la oportunidad de la atención y el proceso de rehabilitación.

“En el Hospital, hemos actualizado nuestras guías institucionales para estructurar un Código ACV pediátrico especializado. Hoy contamos con la capacidad técnica y profesional para realizar procedimientos neurointervencionistas en la población pediátrica. Esta patología puede presentarse a cualquier edad, y la preparación del personal médico, junto con la reacción oportuna de las familias, es fundamental para facilitar el diagnóstico, iniciar el tratamiento indicado y reducir el riesgo de secuelas”, concluyó la especialista.

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